Caperucita Roja (II)
-Pues ahora haciendo camino jugaremos al recorrido del valle. Es un juego sencillo, no hay que dejar de andar…
-Yo soy el cazador, tu el valle. Mis dos dedos son el cazador, tu espalda el valle, hasta las lomas y después la cueva.
-Qué bien, sigamos jugando, eres un genio de los juegos.
-Dame la cesta, la llevo yo.
Tú cúbrete con la capa y con los brazos un poco en alto dejando la parte delantera de la capa abierta para que ande el cazador. ¿De acuerdo?
-Sí, ya puedes empezar.
La mano derecha, los dos dedos índice y corazón, empiezan a andar por la espalda, la paletilla, la columna, el cuello, llegan a las cumbres redondas de las nalgas y va bajando hasta entrar en la cueva.
-Ah, ya entraste en la cueva, con una sola pata. Je, je. Dice Caperucita.
-Otra vez. Pide la Caperucita.
Y los dedos suben bajan hasta llegar a la cueva con las dos patas. Ahora sí, el juego termina.
-Pero, podemos hacer la nueva excursión entrando en el pozo.
Así que otra vez los dedos recurren la geografía de caperucita y finalmente cuando llega al punto de entrada, el desconocido le dice: -agáchate un poco, lame, mi dedito, así muy bien, y el dedito entra por detrás para acabar el juego de las cuevas.
-La primera cueva me ha gustado, pero la segunda le ha costado un poco, pero un poquitín sí que ha entrado.
-Es falta de práctica por estas geografías, dice el desconocido.
-¿Qué quieres decir que si se anda más entra mejor?
-Claro está. Así es.
-¿Y cómo se entra mejor?
Dice con curiosidad Caperucita, que cada vez va perdiendo el miedo y es más atrevida y juguetona.
-Bueno, te lo enseño pero después tendrás de correr para llegar a casa de la abuelita, se va haciendo tarde.
-Bueno, pero quiero aprender.
-Ponte de rodillas. Los brazos en el suelo el valle en alto abriendo los caminos. Así, muy bien eres un encanto de mujer, una maravillosa mujer, cada minuto que pasa me gustas más, me siento feliz.
-Gracias eres muy amable y divertido, también me gustas tú.
El desconocido le puso saliva en cantidad y le puso un dedito, después otro al final los dos juntos hasta que entraban como un chupete en la boca de un bebé.
-¿Lo ves? ¿Qué bien ha entrado ahora el señor cazador en la cueva pequeña?
-Pues es verdad, pero ahora me vuelve a venir el cosquilleo entre las piernas… ¡vámonos al riachuelo del atajo para refrescarnos!
La caperucita y el desconocido ahora iban cogidos de la mano, después de la cintura y después se agarraban las nalgas acariciándoselas.
Al llegar al riachuelo se despojan de los vestidos y en cueros se bañan. El desconocido con el agua fría no se le endurece el argumento de la vida, y la caperucita se refresca el valle rubio calmando su picor momentáneo, del entre valle. Después del baño, caperucita juega a recorrer el valle con el desconocido pero lo hace por delante, los dos dedos juegan y llegan de los ovillos a la atalaya, consiguiendo que se izase el palo de la bandera. Caperucita quiso curar otra vez al desconocido hasta que le procuró el líquido que calma el dolor. Después, jugó con él por la espalda hasta llegar a su cueva, la cual le dolió por tener hemorroides.
-Ay pobrecito, tu cueva está enferma. Se lo diré a mi abuelita para que te de un remedio y te cures, ya te lo pondré yo así se curará antes, dice cada vez más atrevida, seductora e ingenua.
El desconocido la ayuda a vestir. La blusa y la capa, y emprenden el camino hasta cerca la casa de la abuelita. (En aquellos tiempos, no existían las braguitas ni los sujetadores, la blusa tapaba y la capa abrigaba). Se despiden en el cruce de caminos, dándose un beso casto, cuál doncella virgen. Caperucita dice que mañana y pasado pasará por el claro del bosque, y le esperará allá.
– Hasta mañana, amiguito.
El desconocido asiente en volver a la misma hora.
– Hasta mañana Caperucita.
La caperucita llega a la casa de la abuelita, que está sentada en un balancín. Es una señora guapa y madura. Sex símbol de los ancianos de la aldea, a quienes les facilita las formulas para levantar la moral en sus casas para poder atender bien a sus esposas.
-Hola abuelita, te traigo unos comestibles y potingues que mamá me ha dado para ti, no ha cabido todo en la cesta pero mañana volveré para terminar el lote.
-Gracias caperucita. Dice la abuela mientras le da un beso.
-Qué te pasa caperucita, tienes el cuerpo caliente… ¿Has venido corriendo por la hora que es?
-Pues sí, es que me he entretenido en el claro del bosque con las flores que traigo en la cesta, son para ti, después he venido deprisa y me he acalorado.
-Bien, pues descansa un poco. Mañana a la mañana vuelves a la aldea, y ya volverás cuando te deje mamá.
-Mañana volveré, seguro. Dice convencida, pensando en el desconocido del bosque.
-Bien, bien, mañana vuelve.
-Abuelita, me han preguntado por el camino si tu puedes curar…me da vergüenza decirlo… almorranas (dice poniéndose roja como la capa).
-Sí, tengo un ungüento muy eficaz. Se aplica con una zanahoria bien pelada y el ungüento va penetrado gracias a la zanahoria que debe ser fina. Aplicar el ungüento dentro y tapar con la zanahoria. Te daré un tarro pequeño, se lo debe hacer dos veces al día, por la mañana y por la tarde/noche. La zanahoria hace de tapón metido dentro.
-Qué vergüenza, ¿cómo le voy a explicar todo esto? (dice en voz alta Caperucita)
-Si no puedes, le dices que venga a casa y se lo diré yo misma.
Mientras en la aldea la mamá de Caperucita, la activa viuda ha encontrado un bracero holgazaneando en el pajar. Le propina una bronca y le amenaza con despedirle al momento si no pide perdón y hace aquello que se le pida. El bracero pide perdón y la viuda con deseo carnal le dice que se baje los calzones, cosa que hace gustosamente, y la viuda le hace un trabajo de artista dejándole como un semental, a tal punto lo dejó que no pudo evitar la inseminación del bravo trabajador, quién le preguntó que cuantas veces tenía que faltar para merecer tal castigo. Los dos satisfechos volvieron a sus quehaceres.
Al día siguiente, caperucita y el desconocido se encuentran en el claro del bosque. Caperucita ya tiene el tarro preparado para curarle los hemorroides al desconocido seductor o seducido.
Este ya tiene preparado entretenimientos para el camino y juegos para el claro del bosque.
-Hola Caperucita
-Hola desconocido.
-Ah, me llamo Lupus, no es muy conocido, pero hay algunos.
-¿A que jugaremos hoy?
-Podríamos jugar… ¡al nido de los pájaros!
-¿Y cómo se juega?-Es fácil, somos dos pajaritos. Saltamos con los pies juntos haciendo un círculo y después nos juntamos en el centro. Debemos conseguir madroños o fruta silvestre, o si no, en este caso una hojita de boj que debemos llevar en los labios.
-Empecemos.
Hacen saltitos haciendo corro. Caperucita le botan las tetas con un ritmo impresionante y Lupus también le bota el colgante, hasta que deja de colgar.Se encuentran en el centro. Extienden las manos y las frutas de los labios pasan del uno al otro dándose un bsuqueo.
-Me ha gustado. Otro juego quiero.
-Ahora jugaremos al caballo y la dama. Móntate en mi espalda y te llevaré a pasear por el bosque.
Caperucita se monta a la espalda, sin capa y casi desnuda. Se lo pasa bien, galopan por el claro de bosque y Caperucita está excitada y le dice:
-Que bien me lo paso contigo, mejor que con los braceros de la aldea…. Bueno no hago nada con ellos, pero les espío cuando van a orinar desde el pajar, juegan a para ver quien llega más lejos. El que gana pone un castigo al otro. Algunas veces consiste en tocarle los testículos al caballo hasta que se le alarga al caballo la otra cosa que no es la cola.
-Si quieres Caperucita, si te pica y tienes cosquilleo te curo como ayer.
Y con la creatividad de la vivaracha caperucita le dice:
-Sí pero, lo haremos al mismo tiempo, tú me curas, yo te curo.
-Bien. Se ponen encima de la capa y empiezan a curarse si saber que practicaban la actividad más antigua de todos los tiempos primitivos: la fellatio y el cunnilingus, hasta quedar los dos relajados y claro está bien curados.
-Ahora que estamos curados, te voy a curar a ti: mi abuelita me dio un tarro y una zanahoria. Con ello te aliviará y curara tu cueva pequeña. Ponte de rodillas, sin calzones.
Y caperucita le aplica el ungüento en el ano y se la va entrando con la zanahoria, y va entrando y saliendo aplicando, hasta que Lupus le pide más, más, y más rápido. Caperucita dice:
-Ya veo que te está curando, que te gusta que te ponga más. Para hoy está muy bien, mañana volveré y terminaremos la cura.
La practica con la zanahoria, le había proporcionado una eyaculación, cosa que se da cuenta Caperucita.
-Vaya ya la tienes enferma otra vez. La toma entre sus dedos y le da besos y lamidos hasta que aparece otra vez la seta roja.
-Ya está, te he curado otra vez.
-Eres una gran curandera. Vamos a bailar por el bosque.
Se toman de las manos y bailan haciendo círculos para acabar entrelazados. Se visten y van de camino a casa la abuelita.
Caperucita presenta a Lupus a la abuelita Buhita. Se hacen amigos. La abuela le cuenta sus fórmulas como, la de los ancianos de la aldea. Caperucita queda entusiasmada en verles conversar y ser tan amistosos, no acostumbra a tener muchos amigos con quien contar cosas. Finalmente, le deja probar la fórmula magistral del amor que hace para los ancianos.
Lupus, se la toma con una dosis un poco mayor, lo que le hace un gran efecto, que Buhita ve enseguida.
-Caperucita, llégate al claro del bosque del norte y tráeme unos brotes de índigo. Lo necesito para una formula. Tardarás una media hora aproximadamente o quizá un poco más.
-Bien abuelita, ahora voy. ¿Vienes Lupus?
-No él se queda, que ha de probar unas formulas nuevas para saber si van bien. No tardes mucho, bueno lo que quieras….
Sale de la casa caperucita y se dirige al claro del bosque.Mientras la abuelita, que tomaba formulas para eterna juventud, demostró ante Lupus que su cuerpo era casi tan gentil como el de Caperucita, pero con más experiencia. Le enseñó sus virtudes y su envoltorio, parecido al de Caperucita, porque eran de la misma casta, y sedujo a Lupus.
Este después de la fórmula, tenía el viril aspecto de un superhombre, endurecido como palo de hierro y la abuelita le sedujo, le alimentó sus deseos, y retozó con él dejándole más cansado y sudado que una mula después del viaje. Entra Caperucita y al ver a Lupus abatido, le dice:
-¿Qué te pasa? ¿Has enfermado otra vez?
-No ya está. Creo que una formula me habrá hecho reacción, pero pronto pasará.
La abuelita hacia una cara de satisfacción que no podía con ella. Hacía tiempo que esperaba una ocasión así. Un joven recio y fuerte, inteligente, que con ayuda era un superhombre.
La abuelita Buhita, le dio a beber un reconfortante, que también hizo su efecto instantáneo. Recuperándose en pocos minutos las capacidad de acción de la que presumen muchos hombres.
-Sabes abuelita, nos hemos enamorado.
-Muy bien Caperucita. Es un hombre fuerte, viril y con tu ayuda será un gran hombre luchará contra todos los lobos que se te acerquen. Seguro que podrá con todos. (Entre si pensaba Lupus, claro está soy el jefe de la manada y éste es mi territorio.)
La abuelita, le dio a Lupus una docena de frascos de la formula de la vida, para que tuviera para muchos años felices pero tenía que gastarlos con la Caperucita, que era la joven más hermosa y ardiente de la comarca, así como cariñosa y bondadosa que gustaba curar a los heridos y reconfortar a los enfermos.
Volvieron a la casa de la aldea. Caperucita presentó a Lupus, que cayó muy bien a la mamá, viuda. Esta le gustó Lupus al instante. Le vio como un ejemplar único viril y proporcionado, atractivo y con un potencial que ella se imaginaba.
Lupus y Caperucita explicaron que la abuelita les había dado unos frascos de la vida para pasar mejor las noches y hacerlas más duraderas, que daban un gran resultado.Caperucita, dejo de ser una niña, al conocer a Lupus y las artes amatorias. Se volvió una gran mujer, perdió la ingenuidad y ganó en voluptuosidad siendo insaciable y ayudó a dirigir la vida de Lupus y de su mamá, llevándoles por derroteros eróticamente reconfortantes.
La mamá, robó un frasco a Lupus durante la noche mientras dormía. (porque ahora vivía y dormía con Caperucita, porque ella no dejaba que se fuera, era ”su Lupus”.)Y a la primera ocasión se lo dio a beber a un bracero holgazán y joven creándole una gran reacción que se hizo espectacular, y más aún el goce de la mamá viuda que gozó durante horas quedando exhaustos de placer el bracero y ella.
Desde entonces el bracero no trabajó más los campos ni preparó los establos, ni cuidó de los animales, solamente comía, dormía y atendía las necesidades de la mamá viuda, que eran insaciables gracias a la fórmula de la abuela.
Probaron la formula en los establos. El caballo y la yegua, y dio también resultado haciendo la hacienda más grande e importante, obteniendo una gran caballería y se hicieron ricos.
La abuelita conservó la formula que potenciaba el éxito de la hacienda.
Compartía cuando podía con Lupus sus fórmulas y comprobaba los progresos, así también la abuela fue feliz con Lupus, con quién sentía una gran admiración por ser un espécimen único. A la mamá viuda, también le hubiera gustado seducir a Lupus, pero sólo llegó a espiarlos mientras hacían el amor, acabando después haciendo una visita al pajar.
Caperucita lo tenía controlado todo. La mamá se conformó con el bracero que ahora olía a rosas, pero cada día estaba más chupado.
Y dicen los viejos del lugar que jamás vieron ningún lobo malo. Algo o alguien los ahuyentaba. De buenos, había pocos. El mejor era Lupus y si alguien lo duda que lo pregunten a la abuelita y a la Caperucita. La mamá viuda lo sabe sólo de referencias….
Fin.

