A.
Sigo igual, soñando dormida y despierta con que en cuanto se abra la puerta no dejes de comerme la boca ni un instante hasta empujarme contra la pared y deba dejarme hacer; hasta que me tengas como quieres y nos vayamos a la habitación; hasta que en la cama me susurres todas esas cosas que tantísimo me gustan.
Me apeteces, aunque no deba.
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